miércoles, 22 de septiembre de 2010

Delicioso Salmorejo...


(...)
y sobre la mesa,
en la cintura del verano, 
el tomate, 
astro de tierra estrella repetida y fecunda, 
nos muestra sus circunvoluciones,
sus canales,
la insigne plenitud y la abundancia,
sin huesos, sin coraza, 
sin escamas ni espinas,
nos entrega el regalo de su color fogoso
y la totalidad de su frescura.
(Extracto de la Oda al Tomate, Pablo Neruda).

Queremos inaugurar este recetario  con un plato de caracter andaluz... en este final de verano, principio de otoño.
Se trata del salmorejo, una de las mil  maneras en las que el tomate es versionado, esta vez en crema. 
Una típica comida de supervivencia de alto valor nutritivo que fué traída a España por las legiones romanas, ya que sus guerreros estaban convencidos del poder del ajo para incrementar su fuerza, además de ser recomendado por los médicos de la época como preventivo de infecciones intestinales. 
Cronológicamente, la primera composición en aparecer fué la mazamorra,  palabra de origen árabe hispánico que define la mezcla de pan del día anterior, aceite y ajo majada en un mortero.
En el olivar andaluz siempre se ha dicho que la mazamorra era la base de alimentación de los vareadores de aceituna.
Con la expansión del cultivo de tomate en España desde el siglo XVII, este ingrediente se incorpora al salmorejo como modo natural de enriquecer, e incluso amortiguar su bravío sabor a ajo, pues no en vano en Andalucía se llama "jamón de huerta" a aquella excepcional hortaliza.
Ahora el salmorejo es un lujo para cualquier mesa, como primer plato, aperitivo e incluso salsa en recepciones y otros banquetes sociales, así como en los almuerzos cotidianos en los hogares de las familias más humildes hasta las de la más alta alcurnia.
Y aquí os dejamos nuestra manera de elaborarlo, deseamos que os guste.